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miércoles, 6 de agosto de 2014

El infiltrado que destapó el gran expolio de Odyssey, la empresa cazatesoros estadounidense.

Afortunadamente, el pleito contra Odyssey se ganó y los restos expoliados ( ¿casi todos?) están ya en España, gracias entre otros a la presión de la prensa.
Aquí incluyo un artículo muy interesante de los entresijos del caso.

Sus informes a la Guardia Civil figuran en el sumario contra los cazatesoros en La Línea de la Concepción. Ha sido amenazado por la delación y perdió su trabajo. Hoy está en el paro

JESÚS GARCÍA CALERO / MADRID  10/03/2012

La detención del «Ocean Alert», el 12 de julio de 2007, en el puerto de Algeciras

Un español estuvo infiltrado en la red de intereses de Odyssey en el Estrecho de Gibraltar. Pero informaba mientras tanto a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. Los cazatesoros querían captarlo porque es buzo profesional y conoce bien la Bahía de Algeciras, donde ha llegado a encontrar piezas de valor. Además, tenía un puesto importante en 2007, meses antes del expolio de Odyssey: director de proyecto de la monoboya de la refinería de Cepsa en Algeciras y director de operaciones de la empresa internacional PM Diving. Pero en poco tiempo su vida se convirtió en un infierno: perdió su trabajo y tuvo que convivir con amenazas de muerte. Durante cinco años no ha querido hablar más que con la Guardia Civil. Hoy, por fin, rompe su silencio para ABC.


Todo comienza a principios de 2007, en un restaurante de Los Barrios, junto a Algeciras. Allí se celebra una comida muy especial. Preside el encuentro Greg Stemm, el sonriente y dadivoso co-fundador de Odyssey Marine Exploration, que está extendiendo una fina red en la zona mientras sus barcos escanean las aguas territoriales del Mar de Alborán.

Naufragios con tesoro

Serán doce personas en el almuerzo, divididas en dos mesas. Junto a Stemm, hay algún otro miembro del staff de la compañía, el dueño de PM Diving, Henrik Jensen, y también el contacto de confianza de Odyssey en España, un empresario gibraltareño residente en Sotogrande, Paw René Jakobsen. Completan las mesas los empleados de este último. Han invitado al buceador profesional de brillante carrera que en esos momentos es también director de operaciones de PM Diving en España. ¿Por qué?

Se llama José Antonio Braza. Él había comentado detalles de sus inmersiones en conversaciones informales con Paw René y éste rápidamente lo puso en contacto con Stemm y Odyssey. Tienen muchas ganas de saber dónde puede haber naufragios con cargas valiosas.

—¿Cómo le trataron?

—En la comida estuvieron amabilísimos, me prometieron futuras colaboraciones y pingües beneficios por mi colaboración: vamos, que no me iba a faltar de nada, que me arreglaban la vida —relata expresivamente Braza a ABC.

En aquellas semanas, en aquellos pocos meses se vieron varias veces, comieron y cenaron juntos repetidamente, y Braza escuchó y vio mucho más de lo que quería... Ante las evidencias de que Odyssey Marine Exploration podía estar cometiendo delitos contra el patrimonio, acabó denunciando a los cazatesoros a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.

—Recuerdo que yo pedí ortiguitas rebozadas, unas anémonas muy típicas de esta zona, pero ellos pidieron atún y otros pescados. Y también que a la hora de pagar a todos les costó mucho sacar la tarjeta... —rememora con ironía.

—¿Cree que estaban sacando piezas del mar?

—¿Creer? No, yo lo sé. Porque las vi. Monedas de oro en febrero o marzo de 2007, y me dijeron que venían del Mar de Alborán; y supe que se llevaron en barco 16 cañones unos meses antes, y mucho más... Nos dieron un buen palo. Y hablaban de ello con desinhibición.

Resulta estremecedor recomponer el testimonio de José Antonio Braza. Afirma que no solo se llevaron piezas de un navío, sino que durante sus operaciones frente a Estepona se debieron llevar restos de muchos otros yacimientos.

Habló con los miembros de la UCO que le tomaron declaración y le pidieron que siguiera colaborando. Braza lo vivió como una experiencia agridulce, «porque estaba convencido de que tenía que ayudar, no podía permitir que se delinquiese impunemente», pero también sentía que era injusto que le tocase ese papel a él, que nada tenía que ver. «Yo nunca quise ir a los barcos de Odyssey, porque sabía lo que había allí, y no quería tener nada que ver», asevera.

Dos contenedores perdidos

Braza denunció muchas cosas. Tantas como supo. Los Guardias Civiles fotografiaban las andanzas de Greg Stemm en La Línea e investigaron pistas que en ocasiones fue imposible de confirmar. Algunas pueden causar asombro, como que en el puerto de Málaga hubo «dos contenedores enormes repletos de ánforas y cerámicas púnicas de pecios que Odyssey habría podido expoliar durante sus andanzas y que ya deben estar en Tampa...»

Además de esos contenedores, a Braza le pidieron algo que a muchos les habría hecho soñar. «Querían que yo vendiese unos objetos maravillosos que habían sacado de un pecio púnico: perfumarios, unas pequeñas botellitas, preciosas, de cristal, que contienen perfume. Querían que yo me involucrase en la venta de esas piezas en los Emiratos, porque yo he trabajado mucho allí y en Arabia Saudí en construcciones de oleoductos submarinos».

Braza relata que el mundillo de las empresas de buceo profesional es muy pequeño. Realmente hay 6 ó 10 empresas importantes en todo el mundo que son contratadas para todas las obras. «Lo normal, aunque ilegal, es que en sus prospecciones mapean el fondo y pasan información de pecios a los cazatesoros... se supone que a cambio de dinero», dice.


Un portaaviones

Otra de las certidumbres que tiene José Antonio Braza es que Odyssey venía a España a sacar cuanto más beneficio mejor. «Me preguntaron por varios yacimientos que les interesaban y me contaron lo que buscaban en otros, por ejemplo en el Ark Royal, un portaaviones de la Marina británica hundido a menos de 20 millas de Gibraltar en 36º 21' 961'' Norte y 5º 7' 941'' Oeste, según ya informó ABC en su día, gracias a la información facilitada por Pipe Sarmiento.

—¿Y qué buscaban en un portaaviones de la II Guerra Mundial?

—Tiene una fortuna en recambios de aviones de la época. Las piezas están empaquetadas en cajas rellenas de grasa y paja, así que deben estar como el primer día. Eso vale millones de euros.

Un día, en televisión, una ministra de Cultura afirmó que España iba a ganar a Odyssey porque la Guardia Civil tenía un testigo protegido. Desde ese día su vida se convirtió en un infierno, fue despedido de su trabajo e incluso recibió amenazas de muerte, llamadas amenazantes, pintaban dianas en su coche... Tuvieron que darle protección los mismos agentes con los que colaboró estrechamente.

Se decidió a hablar porque Odyssey fotocopió indebidamente el sumario de La Línea donde figuran sus aportaciones. Hoy no se arrepiente de nada, pero no está dispuesto a que el caso de La Línea se entierre. «La Justicia española tiene que decir algo, para eso tenemos Constitución, para algo nos involucramos. Si lo taparan... Es que si luego llegara a ocurrir otra vez algo parecido y lo veo, ¿qué piensas que debo hacer? ¿Llamar a la Guardia Civil o callarme? Actuar bien y no mal no puede dar lo mismo».

España y México se alían bajo el mar y contra los cazatesoros

Incluyo aquí el artículo de El País donde se habla del acuerdo entre los gobiernos español y Mexicano

Ilustración de Jerónimo Berruecos del navío Juncal.
Algo se mueve bajo el agua. La libertad de los cazatesoros para explotar a sus anchas el patrimonio histórico sumergido se va achicando. México y España darán en breve un significativo paso al aliarse para investigar y proteger los fondos arqueológicos submarinos. Durante la próxima visita de Estado del presidente Enrique Peña Nieto a España, prevista para los días 9 y 10 de junio, ambos países firmarán un memorando de entendimiento “para la cooperación en la gestión, investigación, protección, conservación y preservación de recursos y sitios del Patrimonio Cultural Subacuático”, según ha confirmado el Ministerio de Asuntos Exteriores.
El acuerdo, que suscribirán el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), despejaría una hipotética pugna diplomática por los restos del mítico Juncal, un galeón español del siglo XVII hundido durante su travesía entre Veracruz y La Habana con un millón de monedas de plata y reales y que el INAH lleva años investigando.
“La colaboración científica y de protección legal es indispensable entre ambos países, ya que tenemos una historia marítima tejida en conjunto a lo largo de varios siglos. Además, es la oportunidad para generar un modelo de participación conjunta y mostrar que trabajando en equipo se logran mejores resultados que discutiendo a favor o en contra de los dos países. La ciencia y el conocimiento no tienen fronteras”, defiende Pilar Luna, subdirectora de Arqueología Subacuática del INAH y figura emblemática en la defensa del patrimonio subacuático , en un correo electrónico.

En las aguas de México, el instituto ha contabilizado más de 300 pecios. La Armada española, por su parte, ha documentado allí el hundimiento de 36 barcos propios —en todo el mundo se han inventariado hasta el momento 1.580 naufragios españoles—, gracias a un proyecto de investigación que le permitió rastrear sus principales archivos (Viso del Marqués, Madrid y Murcia).
Los documentos históricos resultaron cruciales para decantar a favor de España el pleito contra Odyssey por el tesoro de La Mercedes y lo han sido para reconstruir la peripecia novelesca del Juncal.
El navío, que había zarpado de Veracruz con más de 300 personas a bordo y una carga valiosa de plata, metales preciosos, chocolate, sedas y tintes, también despertó el apetito de la empresa de cazatesoros. En 2009 Odyssey intentó sin éxito que el Gobierno de México le autorizase los trabajos para localizar el galeón.
No fue el primer buscador de tesoros que olfateó el potencial del Juncal. En los años setenta varias empresas se interesaron por el pecio. Su afán alertó a la Administración mexicana, que ha mantenido una férrea oposición frente a los expoliadores. La búsqueda del navío se convirtió en un asunto de Estado. Se ha reconstruido su historia a partir de archivos de México, España, Colombia, Guatemala, Cuba e Inglaterra y se han realizado tres campañas con un buque oceanográfico de la Universidad de México para rastrear un área de 1.500 kilómetros cuadrados en la Sonda de Campeche, donde se estima que se produjo el hundimiento.

Relación con la carga de la flota Nueva España, que se conserva en el Archivo General de Indias.
El perímetro se ha delimitado a partir de un modelo matemático que fusiona la información histórica con datos de las corrientes marinas y la meteorología local en aquellos días de octubre de 1631. El INAH, según la historiadora Flor Trejo, está recaudando fondos para financiar una próxima campaña de prospección en 2015 (en la anterior, de 2012, se barrió un área de 385 kilómetros cuadrados), en la que participan oceanógrafos, arqueólogos, geofísicos, historiadores e ingenieros.
Pocas personas conocen los entresijos de la dramática singladura delNuestra Señora del Juncal como Flor Trejo, que se sumergió en la investigación en 1997 y que sigue narrándola con la fascinación de la primera vez. “Ya los personajes son mis amigos. Sé de qué color son sus cabellos y cuáles eran sus desgracias personales”, bromea durante una comida en Matadero en Madrid, donde ha participado en unas jornadas sobre arqueología subacuática.
Como todas las tragedias, también la del Juncal, está repleta de azares que parecen señales de aviso que nadie vio. Un día antes de zarpar falleció Miguel de Echazarreta, capitán general de la flota de la Nueva España, a la que pertenecía el galeón. “Entonces discuten si salir o no, pero a Felipe IV le urgía la plata y se hacen a la mar igualmente”, recuerda Trejo. La flota de la Nueva España, compuesta por 13 barcos (de los cuales se pierden cinco), zarpa el 14 de octubre de 1631 de Veracruz con el Juncal dañado. “Tenía entradas de agua que no habían reparado y cuando comienza un temporal a los pocos días, tienen que achicar agua día y noche, no maniobran bien y llegan a cortar el mástil mayor”.

Investigadores del Juncal, a bordo del buque oceanográfico que rastreó el mar en 2012.
Después de dos semanas de mar convulsa el Juncal se hunde. Sobreviven 39 personas (un comerciante, un religioso y 37 tripulantes), que se salvan a bordo de una pequeña lancha (también agujereada). “Era la barca que debía usarse para poner a salvo la correspondencia del rey, a los nobles, al capitán y al piloto. Los nobles delJuncal habían sobornado con joyas al contramaestre para salvarse en esa lancha, pero no lograron botarla al agua al carecer de mástil mayor, así que se fueron a sus camarotes para prepararse para morir. Y son los primeros en hacerlo cuando el navío se hunde”.
Los supervivientes combaten las entradas de agua con sus bonetes. “Era como intentar salvarse en una coladera, que además llevaba más gente de la que podía soportar”. Deciden por unanimidad aligerar peso echando por la borda al religioso. Sus ruegos, finalmente, convencen a los 38 restantes, que deciden perdonarle la vida. “Acuerdan entre todos deshacerse de la mitad de las joyas y del botín entregado por los nobles al contramaestre y repartirse el resto al llegar a tierra”. Tras una noche combatiendo las vías de agua, al amanecer son rescatados por el patache (la pequeña embarcación que llevaba avisos entre los navíos de la flota de la Nueva España). Nada más subir a bordo, la lancha que les había librado del naufragio se hunde.
La historiadora relata que, una vez desembarcados en Campeche, les detienen y les acusan de haberse amotinado y haber causado el naufragio, tras ser acusados por el religioso. Cuando comparecen ante la Casa de la Contratación en Sevilla, son absueltos. Sus declaraciones en el proceso han permitido a Trejo reconstruir aquellas horas de 1631 que darían lugar a una leyenda, y que ha relatado en su libro La flota de la Nueva España (1630-1631). Vicisitudes y naufragio, publicado en México en 2003. Tanto la peripecia histórica como la científica figuran también en eldocumental Tras la huella del Juncal, presentado en 2013 y elaborado por el equipo del INAH.